Con este nombre, cierra la trilogía de Corfú el siempre geniar Gerald Durrel. Decir que me gustó es poco. Me ha parecido una joya, como los dos volúmenes anteriores. Un adecuado equilibrio entre lo hilarante de la visión de un niño de diez años y el exahustivo estudio de la fauna local… De cuando en cuando tiene momentos sublimes, capaces de arrancar más de una carcajada…
Me reí mucho cuando cuenta, en uno de sus capítulos, cómo puteaban (porque no tiene otro nombre) a dos invitados americanos excepcionalmente crédulos, haciéndoles creer que la buhardilla en la que duermen está habitada por el espíritu del campanillero sin cabeza del Kontokali que hacía sonar una campana antes de decapitar a los reos. Así siempre antes de aparecerse el espectro, sonaba una campanilla. En habiendo asustado a los americanos, tomaron prestados de un relojero amigo unos 52 despertadores que programaron para sonar a las 3 de la mañana y los escondieron bajo la tarima.
Como trilogía, es bastante atípica, porque se puede leer en cualquier orden, sin importar haber leído algo antes o no, igualmente que podrías abrir el libro por cualquier capítulo y empezar a leer, sin preocuparte por los anteriores o posteriores.
Es un caso claro de libro ALTAMENTE recomendable para todo el mundo, y si te gustan los animales, entonces se convierte en IMPRESCINDIBLE.