Así podía llamarse el Sonisphere, que en un descampado perdido de la mano de Dios, con temperaturas de 41.7 grados (según mi coche mientras buscaba dónde aparcar) y un sol de justicia, fue sensiblemente más duro de lo que esperábamos. Pero me dejo de llorar y comienzo mi crónica:
Era viernes. El día había empezado mal… Una resaca de espanto y el recuerdo de una frase de hace meses, cuando me juré no volver a beber en la Mariachita porque ponen veneno… Mike llega con más de una hora de retraso… Clau espera al sol… y yo me quiero morir con la lengua como una alpargata… empezábamos mal.
El tráfico, espantoso, junto al retraso de Mike, hizo que llegásemos tardísimo (sobre las 17:30) de modo que me perdí a los Tao Te King (ni idea) y a Volbeat (y a estos sí que los tenía ganas).
Llegamos y estaba sonando Anathema, un grupo bastante aceptable que sonó muy bien, pero dado que era el primer concierto, lo compaginamos con conocer el recinto y explorar las posibilidades de comercio y bebercio. Primera pifia del festival: sólo se admite moneda del festival en los bares. Moneda que a) no reembolsan a pasta al finalizar el sonisphere, y b) si te dan un billete de 8sonispavos, y te pillas una botella de agua de 2sonispavos, el bar no te da cambio. Vale que queráis hacer negocio, vale que no dejéis entrar comida ni bebida, pero coño, esto roza la estafa…
Cambio de tercio. Bullets for my valentine. Un grupo de metalcore bastante joven y que tiene detractores y fans a partes iguales (o los amas, o los odias visceralmente. No suele haber término intermedio). He de reconocer que tenía ganas de verlos ya que en Wacken el año pasado no pude verlos (o iba en un estado tan malo que no recuerdo haberlo hecho). Me gustaron más en directo que en sus álbumes, aunque he de reconocer que no llegan a ser metalcore de verdad. Son más suaves de lo que me esperaba y el público es bastante moderadito, con mucha chati entre ellos, mientras que si me dices que voy a ver metalcore, espero a fanáticos del punk y el hardcore haciendo pogos, mosh y walls of dead… De sonido, bien, de ambiente estuvieron un poco sosos y (al menos en mi caso) no consiguió meterme el espíritu festivalero en el cuerpo…
En fin. Tras esa primera decepción empezó el festival de verdad: Sôber. Si bien hacía un calor de narices y se tuvieron que echar botellas y botellas de agua encima, se curraron mucho el concierto (el juego con el público me pareció mucho más suelto que en la riviera, supongo que empiezan a recuperar las tablas perdidas) e hicieron un gran setlist, muy similar (aunque acortado) del que vi en su día. No faltó la nube, ni el hombre de hielo, ni cubos… Lo cierto es que el sonido era un poco raro en los primeros temas, pero se compensó con las ganas que tenía de verlos y el ambientazo que había (y eso que eran las seis de la tarde y a esas horas Dios no nos quiere en la calle, lo cual demuestra con el solazo de plano). Se despidieron, y cuando la gente iba a marcharse, dijeron “Ni hablar, nunca, jamás, nos vamos a ir de un concierto, sin antes volvernos…” y cerraron con Loco. Gran tema para dejarnos calentitos antes de BFMV.
En serio, ladies & gentlemen, dadle una oportunidad a Sôber, no son heavy, son más rockeros que otra cosa y son bastante aptos para todos los públicos.
Tras Sôber (y bastante cansado) nos encaminamos a por Saxon. El legendario águila de hierro tocó 45 minutos en el escenario pequeño y ante un público frío que apenas conocía sus letras. ¿Supuso eso un problema? Ni de coña. Nos encontrábamos ante Biff Byford, que a sus casi 60 tacos lleva la vida en el escenario a sus espaldas. Consiguió arrancar al público al grito de “Españaaaaaa!! Gordos COJONES!!! ESPAÑA 1 ALEMANIA 0!!!!” y alguna referencia futbolística. Un setlist repleto de clásicos (Wheels of steel, 747 Strangers in the night, Gods Of War, Crusader…). Disfruté como un enano con su british metal totalmente ochentero, como mandan los cánones de Dios, y (cómo no) al cierre, dedicaron su (en mi opinión) mejor tema a Ronnie James Dio. Cerraron con Denim & Leather y bajo los gritos de “Diiiiiiioooooooo! Diiiiiiiiioooooooooo!”. Para ser un grupo grande, se curraron muchísimo el concierto en unas circunstancias en las que otros se habrían negado. Chapeau por Saxon!
Hechos polvo, y sin voz, tuvimos que correr al otro escenario a por un grupo que me quedé con ganas de ver en febrero, Porcupine Tree. Reconozco que no conozco (bien conocido) nada más que un tema del grupo (y no me lo tocaron), pero su estilo musical (progressive rock/metal) suele engancharme mucho… Y no defraudaron. Una hora de concierto en la que exploraron solos geniales, psicodelia musical y cerraron dedicándole un tema a “Una banda que debía tocar hoy y no puede hacerlo, Heaven & Hell. Un abrazo a DIO”. Todo un detalle, vamos.
Después volvimos a los 80 para darle una vuelta al Glam metal más puro con Wasp. Wasp pasó sin pena ni gloria… he de reconocer que siendo lo que son, esperaba mucho más y me decepcionaron un tanto. Hasta tal punto fue así, que aprovechamos para cenar un poco y poder ver a Slayer (¡yo! ¡Viendo a Slayer! ¡Quién me ha visto y quién me ve!).
Slayer fue un grupo que decidí ver en deferencia a su leyenda. Grupo legendario de trash. Pues eso, a los que les mole el trash, para ellos, porque la verdad, no me dijo nada… lo conocía y no me gustaba. Lo he visto y ya tengo aprobada esa asignatura. Siguiente punto.
Aquí vino lo mejor, el descubrimiento y más impresionante concierto de la noche. Viendo su entrada en la wikipedia, me lo explico, pero prefiero describirlo aquí. Fuimos a ver a Faith no more, grupo que no conocía para nada, porque Clau insistía “<acento brasileiro>Hombreeeeiii, hay que verlos, son pop pero están muy buenos” así que fui, sin más fe, como dicen ellos.
Salieron al escenario trajeados, con un clavel en el bolsillo y comenzaron a tocar. Sonaban muy a lo George Michael. Baladita, mecheros en alto y Mike y un humilde servidor pensando que esto iba a ser como el Rock in Rio (también conocido como Pachanga en arganda), pero nos equivocábamos. Un segundo tema que recordaba mucho a System of a Down nos dejó flipando y eso sólo había empezado. ¿Cómo describirlo? Si en una caja metieras a George Michael, System of a Down, Joan Baez y Eminem, tendrías un sonido similar al de Faith no more, pero no tendrías a Faith no more… Fueron geniales, jugando con el público, bromeando (con expresiones y acento mejicano) y pasándoselo bien nos hicieron volar con ellos todo el concierto (que se me antojó cortísimo). Lo mejor fue que el cantante pasó haciendo crowd surfing por todo el público sin dejar de cantar. Geniales, sencillamente, geniales.
Puede que los conozcáis por este tema:
Dedicado al abuelo, el tema estrella del gimnasio tampoco faltó:
y un tema que no recuerdo si sonó o no, pero es la leche (aunque hubiera llevado libreta, no podría haberlo apuntado, no los conocía, ¿recordáis?):
Con todo esto, agotados, sin voz, deshidratados y hartos de comer polvo, nos retiramos a casa, dejando Suicidal Tendencies para eso, los suicidas que lo aguantaran, que para el nene, estando de resaca, aguantar ese calor desde las cinco a las dos de la mañana, fue todo un logro…