La frase no es mía, pero es una verdad incuestionable:
Confieso que soy un soñador. En cierta ocasión me llamaron sólo un soñador. Eso me ofendió, el sólo. Ser un soñador de verdad es verdaderamente difícil. Cuando empiezas a creer en tus sueños es cuando se pone complicado.
Lo dijo Douglas Engelbart, visionario que un día soñó con un dispositivo que cambiase la forma de interactuar con los ordenadores y creó el ratón…
Yo a veces me permito soñar… miro el mundo y pienso en cómo lo podría cambiar… pero luego la maldita realidad me despierta a golpes de certezas, hechos, madurez y sensatez y vuelvo a mi día a día…
Leo en fogonazos sobre la leyenda de la flota fantasma de Singapur, donde se habla de una flota abandonada mayor que las armadas de EEUU y UK juntos:
Se trata de miles de barcos casi abandonados porque no tienen encargos y están ahí porque es más barato que estar en otros sitios… Como no hay dinero, apenas tienen tripulación, son, realmente, una flota fantasma…
Sí, la verdad, todos hemos visto películas o leído libros con un final jodido… incluso con finales muy jodidos… a mi, me resultó especialmente deprimente cuando el bibliotecario sale de la cárcel en cadena perpetua… y seguro que hay más escenas deprimentes de películas que recuerdo si me esfuerzo… pero hoy os quiero hablar de finales muy jodidos…
Pongámonos en situación, suponte que eres un crío que llevas veintemil años (cuando eres un crío tu percepción del tiempo es rarísima) cogiendo cariño a un melmaquiano-devoragatos con uno de los sentidos del humor más afilados desde gardfield… y acojonado, porque como lo pille el ejército lo van a diseccionar (lo dejan clarísimo en el primer episodio). Entonces, cuando esperas que Alf vuelva a Melmak y sea feliz con los suyos (que ingenuos somos, si hubiese vuelto a Melmak tendría un trabajo, hipoteca, problemas con las mujeres…) nos ponen este final:
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¡ZAS EN TODA LA BOCA! Amos, es más jodido que el final de E.T. (al menos el bichejo cabezón se escapa… si hubiera terminado 15 minutos antes, este post no tendría sentido…)
Sí, el final de Alf fue triste… pero… ¿recordáis una serie sobre Dinosaurios? Pues ¡joder! termina con una glaciación y la extinción de la especie, ¡nada de nimiedades! ¡Menos LOST, House y mierdas varias! ¡Nada de matar a un personaje! ¡Nos cepillamos el planeta! Optimismo y lección moral a partes iguales:
La predicción metereológica es nieve constante, tinieblas y frío extremo. Howard Hadupme. Buenas noches. Adiós [funde a negro]
¡No me fastidies! ¡Sólo le falta el clásico “Que Dios nos ayude a todos”!
Lo dicho, yo no sé si antaño los guionistas eran más mamones o qué pasaba, pero estos dos finales son la leche de optimistas ¿no? En fin… de momento os dejo esos dos… vaya forma de putear a los críos que han regalado su hora de la merienda durante largos meses… en fin…
¿Crees que eres un tipo raro? ¿no tienes vida? ¿los niños te tiran piedras cuando sales por la calle? ¡No desesperes! ¡No estás solo en tu cruzada contra la vida social y las relaciones sexuales consentidas!
Para apoyarte, unos yankees (o guiris, que vienen siendo como los yankees, pero bebiendo té y ginebra en vez de café aguachirrinao y cerveza) han grabado su himno.
Ladies & gentleman, con todos ustedes, I will derive
Celebrad este 2010, que viene con una caja rellena de 356 días, con otros tantos amaneceres, con sus noches y rellenitos de segundos.
Este año, vosotros podéis elegir qué hacer con cada uno de los días, con cada una de las noches, con cada uno de los segundos. Por mi parte, yo pienso vivirlos, exprimirlos y disfrutarlos como si cada uno de ellos fuese el último de mi vida.
Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.
Cuando tengas dos decisiones, simplemente lanza una moneda.
Funciona, pero no porque te dé una respuesta…
Funciona porque en ese breve instante en que la moneda está en el aire
De repente sabes lo que esperas que salga…
Un frío enero de 2007, un día cualquiera, como hay 365 en un año, en una estación de metro (en este caso es en Nueva York, pero podría ser Madrid, o Londres) un hombre está tocando su violín en una esquina. Si te parases a escucharlo, reconocerías a Bach.
En los 45 minutos que estuvo tocando, reunió unos 32 dólares y nadie se detuvo a escucharlo más de un instante. Cuando dejó de tocar se marchó y la música abandonó el lugar con él. Ni emoción, ni aplausos, ni fotos… ¿Por qué? ¿Acaso no ha tocado bien?
El violinista era un don nadie, un tal Joshua Bell, considerado por uno de los mejores violinistas del mundo… y el viejo y cascado violín que tocaba se llama (ojo, tiene nombre propio) Gibson ex Huberman… a lo mejor si os digo que es un Stradivarius de 3.500.000 de dólares os dice algo más. Dos semanas antes había llenado un teatro en Boston, vendiendo cada entrada a 100$. Y nadie se paró a escucharle.
Si no tenemos tiempo de admirar la belleza, si no podemos pararnos a escuchar las mejores piezas de uno de los mejores maestros, de la mano de un genial artista y llorado por las cuerdas de un Stradivarius… ¿vale la pena tanto esfuerzo? ¿tanto trabajo? ¿tanto dinero?